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Escondida entre las montañas del Pacífico Central y a escasos 20 minutos de Dominical se encuentran las cataratas de Nauyaca, dos cataratas que sumadas poseen una altura de 60m, convirtiéndolas en una excelente opción de aventura si se encuentran en Manuel Antonio, Dominical, Uvita Ballena o inclusive Pérez Zeledón.

¿Cómo llegar?
Se puede llegar por dos rutas. La primera es tomar la ruta 27 hacia Dominical, a 300 metros de llegar a Dominical tomar la ruta 243 con dirección a San Isidro del General durante 10 kilómetros, la entrada a la catarata se encuentra a mano derecha y está rotulada.
La segunda opción consiste en tomar la interamericana sur o ruta 2 en el pueblo de San Isidro, tomar a mano derecha la ruta 243 que comunica con Dominical durante 26 kilómetros, en este caso la oficina se encontrara a mano izquierda e igualmente hay rótulos que guían al conductor.
Con Waze

Carro: Alto, preferiblemente doble tracción ya que la calle es de lastre y según el clima puede cambiar las condiciones del camino.

Costo:
¢3000 nacionales

Mascotas: NO

¿Qué llevar? Bloqueador solar, Ropa deportiva fresca (el clima es muy húmedo), pantaloneta/ vestido de baño, tenis o sandalias cómodas para caminar, paño.

¿Comida?
Snacks y suficiente hidratante. Si quieren disfrutar todo el día, pueden llevar para hacer picnic y no pasar hambre.

Tiempo: De ida 45 minutos y de vuelta 30

Dificultad: Moderada

Domingo a las 6:00 am y ya estábamos listos para comenzar la aventura, a sabiendas que nos esperaba un largo camino en carro desde San José. Llegamos en aproximadamente tres horas y media.
Nosotros optamos por la primera opción, ruta 27, debido a que la manejada es más amena, y además la costanera tiene hermosos paisajes costeros que apaciguan la vista y hacen que el tiempo pase más rápido.
Tomamos la calle de lastre que se encuentra a la derecha de la oficina, rumbo a la catarata, esta calle se estaba en buenas condiciones, es decir accesible para cualquier carro alto, en todo caso también se puede dejar el carro en la oficina y caminar unos 2km más (4km en total).
Parqueamos el carro a unos 2km de la catarata antes de un barreal, lo que fue una buena decisión ya que a 400m la calle se hacía angosta y apta únicamente para caballos o motocicletas.
A medio camino vimos una casa a mano derecha donde decía que había que pagar la entrada a la catarata. Ahí aprovechamos para rellenar las botellas de agua e ir al baño. La señora encargado nos dijo que debimos haber pasado a la oficina ya que ella no siempre tiene cambio. También nos mencionó que todos los días menos domingo ofrecen tours a caballo a las cataratas.
Caminamos como unos 45 minutos, rodeados de potreros y bosque secundario, y acompañados de un “soundtrack” orquestado por la corriente del río Barú, el canto de las aves, y uno que otro mugido de vaca. La mayoría del recorrido se hace bajo la sombra de los árboles, que protegen del fuerte sol del pacifico.
La presencia de un guarda cómodamente relajado en una hamaca reguardando la entrada a la propiedad, revelan que la catarata se encuentra cerca, una vez dentro de la propiedad el sonido del agua se hace más fuerte hasta que al fin uno se encuentra la majestuosa caída de agua de 20m de alto y por lo menos 10 de ancho, que regaba una piscina natural rodeada por un verde cañón de plantas acostumbradas a recibir el roció de la imponente cascada. Y al mirar hacia arriba de la catarata se observaba otra de la que hablaremos más tarde.
La gran posa y el calor de la caminata hacían una invitación para meterse a nadar y refrescarse un rato, y por supuesto no íbamos a rechazar tan atractivo llamado, una vez dentro del agua nos entretuvimos nadando y saltando a la poza desde las piedras, hasta que el hambre pudo más que las ganas de seguir en el agua y salimos a tomar nuestra merienda.
Terminada la merienda, y después de un tiempo para hacer la digestión y apreciar el paisaje que se desplegaba frente a nuestros ojos, nos dirigimos a la segunda catarata, que se encontraba justo arriba de la primera. Esta cascada tiene una imponente altura de 40m, tiene una posa más pequeña que la de abajo pero también rica para bañarse. Ahí nos entretuvimos por varias horas admirando la catarata y tomando fotos de su majestuosidad.
Cuando ya nos disponíamos a volver al carro, vimos un grupo de ranas, como deseándonos un buen regreso que de hecho lo fue, debido a que la mayoría es cuesta abajo y nos sorprendió una pequeña llovizna apenas para refrescarnos.

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