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Nos fuimos para San Carlos a conocer un lugar llamado Tigra Rainforest Lodge donde se descansa dentro de la selva y además es el paraíso más rajado para ver ranas de todo tipo.

¿Cómo llegar?
Agarrar la Ruta 1 pasando por Alajuela, Palmares y cuando llega a San Ramón se dobla hacia la derecha como en dirección a la Fortuna hasta ver el letrero que dice La Tigra Lodge… de ahí se sigue una calle de lastre por unos 5 minutos más hasta llegar a el lugar.

Waze: https://waze.com/ul/hd1gfehg8m

Distancia: 3kms

Dificultad: Fácil

Accesibilidad: Si es accessible

¿Qué llevar? Ropa fresca, tenis de trail, jacket impermeable, traje de baño, paño, repelente de insectos, ropa para cambiarse y excelente actitud.

Vehículo: Alto

Parqueo: Si

Mascotas: No

Camping: No

Contacto: 2468-8351

Costo: desde $40

Llegamos a La Tigra en la noche y fuimos recibidos por un concierto de ranas que fue solo una pincelada de lo que nos esperaba al día siguiente. Cuando amaneció, despertamos en una cabaña en medio de la jungla, con un balcón que deba nada más y nada menos que al bosque del lugar.

Luego de respirar el aire puro nos alistamos para ir a desayunar al restaurante de La Tigra donde nos sirvieron fruticas y despuesito un pinto con huevo apenas para cargar las pilas.

Después nos fuimos de vuelta a la habitación para prepararnos para ir a caminar por una zona de la finca la cual está siendo reforestada y lo más chiva fue que nos invitaron a sembrar un árbol mientras nos explicaban el compromiso de ellos con hacer de este un lugar mejor.

Antes de seguir caminando hicimos una parada por la huerta del lodge que tenía cuanta hierba comestible les pase por la mente (lechuga, culantro, repollo, tiquisque, yuca, chayote, cebolla, etc). Cuando terminamos aquí nos fuimos hacia los senderos, entre ellos está el principal (nosotros hicimos este) que da la vuelta completa a la reserva pasando por un río chivisima y pozas.

Cuando ibamos caminando por el bosque nos cayó un baldazo a medio camino, pero eso no fue motivo para dejar de disfrutar el chuzo de lugar… ya que esperamos a que escampara debajo de un techo con mesas donde aprovechamos para partir un mango pintón… mientras Glori y yo nos tiramos el mango Tavo y Karlis se fueron a meter a la poza que dicen estaba fría pero sobrosa.

Total caminamos como 1 hora no sin antes hacer una pausa en el mirador desde donde a pesar de la lluvia logramos ver todo el valle de San Carlos, súper recomendado.

Luego nos fuimos para el restaurante para almorzar un casado deli que nos dejó repletos y aprovechamos la sensación de marea alcalina para descansar un rato hasta pora ahí de las 4 de la tarde que teníamos el último plan.

Sonó el despertador y nos fuimos de vuelta al restaurante para así comenzar el tour de ranitas. No tuvimos que caminar mucho para lograr ver todo tipo de ranitas en las lagunas artificiales que están al lado de los senderos. Podemos decir con seguridad que nunca habíamos visto tantas ranas juntas, fue algo que realmente nos sorprendió y vale muchísimo la pena.

Luego del tour nos despedimos de este chuzo de lugar y su gente, un lugar para desconectarse de la ciudad, rodeado de naturaleza y paz.

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