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Volvimos al Cerros de la Muerte, esta vez para conocer los senderos de Iyok Ami que están metidos en un bosque de esos que tanto nos gusta donde el paisaje cambia constantemente, se siente una magia, en serio esos bosques del páramos son como sacados de un cuento, lo único que falta es que le salgan a uno los duendecillos.

¿Cómo llegar?
Se agarra la calle hacia el Cerro de la Muerte sin miedo como 10km antes del Parque nacional Los Quetzales, está a mano izquierda la entrada con un letrero.

Waze: https://waze.com/ul/hd1squ4gdx

Distancia: 7km Total

Dificultad: moderada /Difícil

Accesibilidad: No es accesible

¿Qué llevar? Ropa cómoda para caminar mucho, jacket impermeable, suéter, comida, hidratación, snacks para 3 horas, excelente actitud, un repuesto de pierna y pulmones.

Vehículo: Automóvil

Parqueo: Si

Mascotas: No

Camping: Si

Contacto: Bedrich Sruta 8408-0048

Costo: ¢3000 por persona – Incluye parqueo
En el lugar puede reservar almuerzo por extra

Salimos como a las 7:00 am de Tres Ríos porque queríamos estar en Iyok Ami lo más temprano posible para que nos tocara buen clima. Había amenaza de que iba a entrar la tormenta “Iota” , pero desde que nos despertamos vimos el cielo completamente despejado así que seguimos con nuestro plan.

Después de hacer las dos clásicas paradas, gasolinera y súper para comprar snacks empezamos a subir el cerro. Nos tocó lindísimo, soleado así que disfrutamos la manejada viendo esos paisajes, no hay nada como ese camino con buen clima. Llegamos y nos recibió Bedrich el dueño de la finca, que tiene una energía buenísima, irradia ese amor por la montaña. Nos explicó con un mapita los senderos, hay varias opciones para todos los gustos. Nosotros queríamos hacer el más largo, le tomamos foto al mapa. Agarramos los chunches y empezamos.

Se empieza con una pequeña bajadita y luego ya se pone bonito con esas subidas que le acuerdan a uno que está en clima de altura, porque la respiración empieza a costar un poco.

Estos bosques del Cerro de la Muerte son chivísimas porque van cambiando mucho, pasamos por partes que se ven muy místicas porque los árboles están demasiado cubiertos de musgo, después se llega a un mirador con unas vistas increíbles a las montañas. Seguimos caminando y los senderos están bien marcados hasta que llegamos a otro mirador donde la vista seguía siendo increíble. Luego empezamos a bajar hasta llegar al río donde Bedrich nos había dicho que teníamos que irnos río arriba 400 mts para llegar a una pequeña catarata. La entrada a la catarata es bien chiva porque es un pequeño cañón. Aquí tomamos fotos y nuestro amigo Jorge jugó de valiente y se metió, de lo fría que estaba el agua casi ni podía respirar, pero salió como nuevo. Seguimos el sendero y empezamos a ir por una parte lindísima que iba a la orilla del río, de hecho había que cruzarlo varias veces. Luego de esta parte comenzamos a subir otra vez hasta llegar al robledal, es decir un bosque de Robles chivísima y lleno de pajaritos revoloteando por todo lado.

Ya cerca del final se llega a una parte donde el bosque se abre un poco y vimos que habíamos llegado al valle Jurásico que tiene una zona de descanso como para hacer un picnic.

Y para terminar la cereza en el pastel, el ärbol milenario que es un arbol gigante que hay en el lugar, perfecto para unas buenas fotos, Pasando el árbol vimos una catarata a lo lejos pero no se podía llegar.

Una vez de vuelta, nos fuimos directo al comedor donde pedimos un casadito con trucha y fresco de mora, que estaba delicioso, recomendado para después de esa caminata.

Aprovechando que el clima seguía increíble nos sentamos un rato en los silloncitos que tienen ahí mismo en el comedor a hablar paja y sentar el almuerzo para después hacer viaje de vuelta.

¡Otro domingo bien aprovechado!

*FECHA PASEO: Noviembre 2020

 

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