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Agua termal, baldazo, catarata, sol, baldazo de nuevo, queso artesanal y potrero puede que no tengan nada en común, pero cuando la juntamos en un trip de un día el resultado es simplemente asombroso. En este paseo descubrimos rincones rajados que jamás pensamos encontrar en una zona prácticamente olvidada. Aquí de verdad hay que venir un fin de semana completo, las actividades son muchísimas y la gente de la zona está con los brazos abiertos listos para recibir gente con buena actitud como ustedes y nosotros.

¿Cómo llegar?
Termales:
Finca Don Jorge Viales: Con Waze
Las pozas del Racho de Chu (Alejandro): Con Waze

Vehículo: Todo vehículo llega. Pero les recomendamos andar un carro alto. Calle de lastre y llueve mucho.

Tiempo: lo que quiera

¿Qué llevar? Ropa de baño, 2 paños, 2 cambiadas completas extra, poncho, bloqueador, repelente, sandalias, snacks, y excelente actitud.

Lo primero que hicimos fue ir con un local conocido como «Malo» (pal guaro) a una catarata en una finca cerca del Blue River Hotel, aquí el agua cristalina cae en un poza casi perfecta a la cual se baja por unas gradas de madera. En esta poza/cascada no estuvimos mucho tiempo, pero aún así Glori y Karlis se metieron rápidamente.

Luego nos montamos al carro y se vino un baldazo, esto es algo súper común en la zona (el clima aquí puede cambiar en cualquier momento). Hay que estar preparado para esto. Decidimos seguir hacia nuestro siguiente destino. Malo nos llevó a otra poza, dentro del bosque lluvioso, rodeada de naturaleza y lo mejor de todo es que era termal, directo del Volcán Rincón de la Vieja.
Para llegar aquí tuvimos que manejar como media hora más por un camino demasiado bonito, era como ir por un sendero pero en carro rodeado de la misma vegetación. Luego de donde se deja el carro se camina unos 700 m montaña adentro hasta llegar al deck de madera con techito frente a la pequeña poza on fire. Salieron unos rayos de sol por eso estuvimos tamaño ratillo vegetando, hasta que se nos pusieron las manos todas arrugadas y teníamos un toque de hambre. Mientras caminábamos de vuelta al carro. Volvió a caer baldazo intenso y una vez encaramados, comimos manzana verde con mantequilla de maní (buenísima combinación).

Luego nos dirigimos hacia la pulpe de Gavilán, donde teníamos que preguntar por don Jorge Viales. A don Jorge lo conocimos la noche anterior en las fiestas del pueblo, y era él mismo quien se encargaba de anunciar y poner sazón a los toros del redondel. Fue así como él nos invitó a su finca que colinda con el Parque Nacional Rincón de la Vieja, y varias zonas protegidas.

Cuando llegamos no teníamos idea de qué esperar, pero nos recibió en su casa como si fuéramos familia. Luego de explicarnos como maneja su granja y como produce gas por medio de un biodigestor. Nos enseñó el proceso de cómo hace queso, lo madura y lo ahúma para así venderlo en Liberia. Ansiosos por conocer el resto, él se puso sus botas colibrí y nos fuimos a caminar por unos senderos metidos en la selva. Llegamos a un río donde pasamos un rato apreciando la paz que se respira y vive en el lugar. Después nos llevó a la cima de su finca, desde este punto se puede lograr ver (con suerte) el lago de Nicaragua.

Después bajamos hasta la casa pasando por la naciente de agua pura y cuando llegamos nos recibió la esposa de don Jorge con unas tortillas palmeadas, queso tierno y natilla que no tienen idea la delicia. Puede que esto haya sido lo más rico que hayamos comido en un paseo, y lo mejor de todo es que fue hecho en el momento, por manos de personas súper especiales. Esto no tiene precio la verdad.

Una vez almorzados, fuimos a una finca que nos recomendó don Jorge, cerca del redondel del Rancho de Chu donde nos conocimos la noche anterior. Esta finca es de un señor Alejandro, y nos dijeron que tenía agua termal. No esperábamos mucho del lugar, pero cuando llegamos era algo absurdo. Eran unos 3oo metros de piscinas de agua termal en piedras esculpidas por el agua. La temperatura no era así como que calientísima, era como de agua tibia pero igual valía la pena. Aquí según nos contó el propietario, en vacaciones es un el balneario del pueblo y dice que se pone full. Fue así, como terminamos nuestro día con pilas cargadas, en un lugar de clima bipolar con una belleza sin igual.

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