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Una finca perfecta para escaparse de la ciudad y aventurarse con los guías locales a conocer más de la zona de Sábalo de Sierpe, rodeado de uno de los manglares más grandes y mejor preservados de América. Y como siempre con cataratas y pozas escondidas que siempre hacen que todo sea mejor.

¿Cómo llegar?
Desde Puerto Jiménez, doblar a la derecha en la entrada hacia Rincón y seguir por aproximadamente 20 minutos, después doblar a la izquierda hacia Sábalo. Siga los rótulos de Sábalo Lodge, finca Manglar está a 1.5 km antes de Sábalo Lodge.

Waze: https://waze.to/lr/hd1sd5x0e2
Usar Google Maps que sí reconoce la ruta.

¿Qué llevar?Ropa cómoda para caminar, paño, vestido de baño, pantaloneta, ropa de cambio, tenis de trail, jacket impermeable, repelente, snacks e hidratación pal camino y excelente actitud.

Dificultad: Fácil

Vehículo: Automóvil preferiblemente alto.

Parqueo:

Mascotas:

Camping: Sí, también ofrecen el servicio de hospedaje.

Contacto: Finca Manglar
Estados Unidos +1 6318334651 (WhatsApp)

Costo:
Hospedaje: desde $55
Tour en bote: $70 el paseo
Catarata: $15 por persona
Almuerzo: $12 por persona

Estando en Osa nos mencionaron esta finca, y ya habíamos oído hablar de lo chiva que es la desembocadura del río Sierpe. Así que agarramos los chunches y nos fuimos hacia la zona de Sábalo.

El camino fue muy chiva, calle de tierra pero en buen estado, y se empieza a subir una montaña hasta llegar a una vista chivísima que si les toca despejado se puede ver el cauce del río y la desembocadura. Después seguimos un poco más hasta desviarnos hacia Sábalo, ahí ibamos ojo al cristo buscando la entrada de Finca Manglar que quedaba a mano derecha.

Apenas entramos nos recibieron don Luis y don Evelio, nos explicaron un poco de las actividades que se podía hacer y nos abrieron las puertas de la casa por si necesitábamos ir al baño o cambiarnos. Y nos dieron una pipa puro saborsh.

Decidimos ir a hacer el tour por la desembocadura. Nos fuimos en carro hacia el muelle que está como a 2 km de la finca y de ahí salimos en lancha. El río está lleno de vida, vimos pajaritos, tortugas y un caimán, seguimos por los manglares hasta llegar al mar donde ya se pone más rudo por el oleaje así que ahí se da la vuelta antes de volcarse. Es bien chiva llegar a la desembocadura y ver ese momento donde el mar se junta con el río.

De vuelta nos subimos al carro para irnos hacia la catarata Los Chorros, dejamos el carro en la plaza y de ahí nos fuimos por un sendero. Empezando a caminar vimos un Tolomuco que cruzó el sendero rápidamente. Se camina 30 minutos para llegar, cruzamos un par de riachuelos hasta la catarata. No sabíamos que existía esta catarata así que no había expectativa del lugar, pero como siempre teníamos la mejor actitud. Cuando llegamos la catarata tenía 2 caídas de agua, la primera era la más pequeña y la poza también era pequeña, pero si uno escalaba la piedra que estaba a la par con ayuda de un mecate se llegaba a la segunda caída que tiene una poza deliciosa, profunda y una vista tipo piscina infinita. Ahí se puede brincar de todo lado, nadar y relajarse un rato. Además que está rodeada de árboles y lo hace todavía más chiva.

Cuando ya el hambre nos empezó a molestar nos fuimos de vuelta hacia el carro para volver a Finca Manglar, donde nos tenían un almuerzo sólo bueno, hecho ahí mismo. Es de esos almuerzos que saben a gloria, el arroz, los frijoles, la ensalada, el pollito, todo tiene como un sabor especial, cocina con amor que llaman; y así panza llena corazón contento terminó nuestro paseo por Sábalo, un pueblo que no conocíamos pero vale la pena visitar.

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