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Esta zona de Guápiles es una mina de cataratas chuzas que hay que descubrir.Una vez más gracias al Gran Don Hugo llegamos a esta catarata que hace mucho tiempo queríamos ir pero no habíamos podíamos llegar. Aquí se cumple el famoso dicho “persevera y vencerás” después de varios intentos finalmente logramos llegar a Chindama y todo el tiempo de espera valió la pena.

Vehículo: Todo vehículo llega, pero preferiblemente alto, porque hay camino de lastre.

¿Qué llevar?Ropa cómoda para caminar, zapatos cómodos que se puedan mojar, vestido de baño y pantaloneta, bloqueador solar, gorra, mucha hidratación, buenos snacks, jacket.

Distancia: 10 km en total (5 km de ida y 5km de vuelta)

Dificultad:Alta, terreno bastante quebrado, mojado y técnico (hay que cruzar ríos).

Tiempo: 7 horas aprox.

Parqueo:

Contacto: Hugo Durán cel:8405-9220

Costo:
¢6000 por persona

Camping
¢2000 X persona la noche de camping.
¢5000 X persona en el cuarto de la casa.

Salimos temprano de San José porque Don Hugo nos había advertido que la caminada era larga, se duran como 3 horas caminando para llegar a la catarata y que ya habían empezado los aguaceros entonces era ideal tratar de devolverse antes de las dos de la tarde. Nos encontramos en la casa de don Hugo y de ahí nos dirigimos a la propiedad de unos amigos de él donde se podía dejar el carro y estaba un poquito más cerca de donde comienza la caminada.
Ahí nos encontramos dos baquianos más Jaime, un amigo de él y con otros dos gringos, que han visitado montones de cataratas en Costa Rica y también había escuchado Chindama y querían conocerla.
La caminata era bastante extrema, empezamos metiéndonos por un bosque chivísima hasta encontrarnos la primera “pared” sí, era una cuesta de barro que prácticamente había que escalarla, por dicha había un cable metálico para agarrarse y ayudarse a subirla, pero nada imposible de hacer. Después de un rato de ir entre los árboles y escuchar el río a lo lejos, por fin aparece el río Mercedes que es una cosa de lo más lindísimo, de agua cristalina y temperatura perfecta para refrescar la humedad de Guápiles. Este río hay que cruzarlo varias veces, así que hay que ir listo para mojarse, probablemente resbalarse porque las piedras que están cerca de río se ponen como un tobogán, así que hay que estar ojo al cristo y a pasito ¨tun tun¨ o sea lento pero seguro.

Después de disfrutar del bosque y el río llegamos a la parte más esperada, por fin vimos la catarata a lo lejos y aquí Don Hugo nos hizo la previa, nos dijo que esta era una de las cataratas más lindas de Guápiles y que era un lugar que lo ponía a uno a soñar. Este lugar tiene muchas historias distintas y llegar a la catarata era como entrar a una puerta mágica que nos iba a poner a soñar, obvio con esto las expectativas crecieron todavía más.
Luego de 15 minutos más llegamos a esta catarata majestuosa, la famosísima Chindama y tenía razón Don Hugo, el lugar es impresionante, una caída de agua gigante, rodeada de piedras y mucho mucho verde alrededor y el agua cae con una fuerza impresionante que asusta. Ya ahí empezó la tradicional sesión de fotos, las selfies, la vueltita pal video y como siempre Tavo junto con Jorge (unos de los invitados especiales) se tiraron al agua. Los demás andaban quitados pal agua y el frío así que se quedaron viendo y tertuleando. El agua dicen que estaba riquísima. Ya para cerrar sacamos la comidita y unos guches para agarrar fuerza para el regreso que eran otras 3 horas.
Así que una vez comidos con la panza llena y el corazón contento, empezamos el regreso que igual fue toda una aventura, por dicha no llovió. Para terminar felices nos topamos un tucan super chiva y después de caminar unas horas más llegamos sanos y salvos. Una vez más esta zona de Guápiles nos dejó con la boca abierta y con ganas de seguir descubriendo estos lugares.

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