Dos caídas majestuosas escondidas entre la selva Escondida entre las montañas del Pacífico Central y a tan solo 20 minutos de Dominical , se encuentra Nauyaca , un conjunto de dos cataratas impresionantes que suman 60 metros de altura . Perfectas para quienes se hospedan en Manuel Antonio, Dominical, Uvita Ballena o incluso Pérez Zeledón. Un destino ideal para vivir un día completo de conexión con la naturaleza, caminata, pozas y una buena dosis de frescura tropical.
Así fue nuestra aventura en Nauyaca
Domingo, 6:00 a.m. y ya estábamos montados en el carro rumbo a Dominical, con toda la emoción. El trayecto desde San José nos tomó unas 3 horas y media.
Tomamos la ruta 27 por ser la más constante y con mejores vistas. Al llegar a la oficina, decidimos entrar por la calle de lastre a mano derecha, ya que estaba en buenas condiciones, y manejamos unos 2 km antes de un barrial donde decidimos dejar el carro y caminar lo restante (4 km en total).
En el camino nos topamos una casita donde nos dijeron que ahí se pagaba la entrada. Aprovechamos para llenar botellas y usar el baño. La señora también nos comentó que de lunes a sábado se ofrecen tours a caballo a las cataratas.
Comenzamos la caminata entre potreros, bosque y sombra, con el sonido del río Barú, pájaros y alguna que otra vaca acompañando la escena. Después de 45 minutos, un señor relajado en una hamaca nos dio la bienvenida: estábamos cerca.
Primera catarata
La primera caída tiene unos 20 metros de altura que alimentan una gran poza. Rodeada por un cañón verde de vegetación densa, invita a meterse, nadar, lanzarse desde piedras y sentir el poder del agua. Ahí estuvimos buen rato antes de parar a comer algo.
Segunda catarata
Después de un merecido descanso, seguimos la caminata hacia la segunda caída. Esta tiene unos 40 metros de altura y una poza más pequeña, pero igual de rica para bañarse. Ahí pasamos varias horas, entre fotos y chapuzones.
El regreso
Cuando ya nos íbamos de vuelta al carro, vimos un grupo de ranas como deseándonos buen viaje, y justo comenzó a caer una llovizna ligera que fue como el cierre perfecto.
Nauyaca es una joya escondida que vale cada paso del recorrido: pura vida, pura agua y pura aventura.
