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Estaba hablando con un amigo hace días y tenía una cara de satisfacción que me llevó a hacerle una pregunta clásica, ¿qué tal ese día?, ¿cómo vas? – y me responde todo contento – Todo bien, ahí igual que siempre, hoy se me paso el día rapidísimo!

Y fue entonces que me quedé pensando en eso y no es la primera vez que escucho la misma respuesta, y ¿qué tiene de bueno vivir un día fugaz? Lo que hace que los días y años vuelen es una enfermedad muy común, dañina y peligrosa, y esto se llama rutina.
Entiendo que nuestras vidas están encajonadas en un horario que hay que cumplir, pues todos los días nos levantamos, tomamos café, leemos el periódico, vamos al trabajo, revisamos el correo, etc. ¿Acaso estamos cruelmente destinados a ser robots rutinarios trabajadores hasta llegar a nuestra edad de jubilación? Yo pienso firmemente que no, y depende de nosotros mismos hacer algo para cambiar y mejorar la calidad de los días.

Vivimos en un país sumamente privilegiado, basta con volver a ver más allá de fachadas para descubrir un horizonte lleno de posibilidades. Hablo de salir a conocer el mundo, sacar un espacio de la rutina para salirse de ella y sentirse vivo.

Los fines de semana son el espacio perfecto para hacer una variación de la rutina, salir a caminar a cualquier montaña cercana, arriesgarnos y lanzarnos a lo desconocido. Esto crea experiencias nuevas, que se convierten en momentos únicos que no podemos explicar a nadie. Sólo viviéndolos sabrán de que les estoy hablando.

 

En mi caso cuando llega el día sabotear la rutina no hago mucho planeamiento. Se más o menos hacia donde quiero ir, busco en Google, Facebook o sigo alguna reomendación de algún conocido. Alisto las cosas que creo que voy a necesitar, además de otro bulto por si hay un cambio de planes en medio camino(sweater, pantaloneta y paño nunca están de más); monto las cosas al carro, abro el garaje, y en ese instante comienza el paseo.

Y es que la verdad éste espíritu aventurero lo desarrollé desde pequeño. Mi papá nos decía los domingos: ¨¡vamos de paseo, echen de todo!¨. De verdad había que meter de todo en el bulto porque podía ser desde un picnic en un potrero por el volcán Poás, hasta meternos en una poza cerca de Quepos. Hacer un plan abierto a cambios, no tener expectativas de nada teniendo algo bien claro, que sea cual sea el lugar a donde vayamos, la vamos a pasar bien, y vamos a disfrutar al máximo.

He aprendido que la vida es un paseo, siempre hay que aprovechar cada momento, no sabemos con precisión hacia donde vamos, pero lo importante es estar bien preparados porque muchas veces de eso depende cómo vamos a disfrutar el momento.

Alejandro Trejos V.